Ayer, fuimos a la piscina y ¡qué bien lo pasamos!Salimos arrugados, contentos y cansados, porque no paramos de movernos. Carlos ha demostrado sus grandes habilidades dentro de un medio donde no tenía barreras para desplazarse. Yoana parecía que hubiera estado toda la vida en la piscina, ahora, eso sí, nos llamaba a gritos,no permitía que el monitor se acercara a ella. Para fiarse nada mejor que sus seños.

Esperamos repetir la experiencia pronto ya que sabemos que la piscina cubierta y en concreto el agua no es “un coco”. ¡Gracias a Vero y a Rocío por hacer que no me rindiera! Nos hubiéramos perdido una vivencia que como muchas de las vividas este curso no olvidaré.